Por José Angel Di Mauro (*)
El primer informe de Manuel Adorni como jefe de Gabinete en el Congreso de la Nación tuvo muchos rasgos inéditos. Comenzando por la expectativa: nunca un informe de gestión de los que marca la Constitución en el artículo 101 generó tanta expectativa.
Nunca un presidente de la Nación había acompañado a su jefe de Gabinete para brindarle su respaldo; ni tampoco el gabinete casi completo, como sucedió el 29 de abril. Nunca antes se blindó como el miércoles pasado el Palacio del Congreso ante la presencia de un jefe de Gabinete.
En rigor, fue porque asistiría al Congreso el Presidente, está claro. Y por eso el operativo de seguridad fue el de los 1° de marzo.
Así, todo aquel que quisiera entrar o salir, a pie o en auto, debía hacerlo por la intersección de las calles Riobamba y Bartolomé Mitre, tan vallado estaba todo. Podía verse allí a policías y personal de seguridad del Congreso auditando esa mañana los ingresos. Uno de ellos, con un listado detallado de los 200 invitados que el gobierno había habilitado para entrar.
La imagen era curiosa, tratándose de un gobierno libertario que proclama su intención manifiesta de destruir el Estado. Pero en este caso se estaba ante el uso de los recursos del Estado para un fin exclusivamente propio: invitados especiales del gobierno; todo el funcionariato a disposición para un único fin inherente a intereses del gobierno; seis manzanas y diez calles valladas/cerradas, más la custodia de Gendarmería nacional, por exclusivo deseo de Casa Rosada.
El gobierno estuvo frenado durante buena parte de ese último miércoles de abril. Al menos hasta que Manuel Adorni concluyó la lectura del informe inicial con el que todos los jefes de Gabinete arrancan su gestión. En este caso también Adorni marcó un récord en la materia: con su discurso de más de hora y media (107 minutos) superó a todos los que le antecedieron, que suelen hablar entre 40 y 60 minutos. Como corresponde, hizo eje en la gestión -fundamentalmente logros-, pero en lugar de circunscribirse al último año, se remontó al origen de la gestión mileísta. El objetivo de quienes redactaron esa extensa presentación era justamente plebiscitar de alguna forma la gestión completa del presidente Javier Milei, y por si hubiera alguna duda en ello, ahí estaba precisamente el susodicho, en el palco central, junto a su hermana y todos los ministros, saliendo en defensa de su jefe de Gabinete.
Toda una curiosidad: que el presidente se transforme en el escudo de quien en realidad los constituyentes de 1994 imaginaron cumpliendo esa función, llegado el caso.
Prueba de fuego para Adorni en particular y el gobierno en general, el trámite que se cumplió el miércoles pasado se había transformado también en un incordio para la oposición, que no quería prestarse a un show libertario, ni darle argumentos para victimizarse. De hecho, legisladores de Unión por la Patria habían anticipado a este medio su pálpito/convicción de que el funcionario encontraría la manera para retirarse antes de llegar a la tercera tanda de preguntas y ellos se quedarían sin intervenir.
Eso no sucedió, y está claro que hubiera resultado extraño que Adorni encontrara en una retirada anticipada el sosiego buscado para su situación. Por el contrario, gobierno celebró los resultados de esa jornada con alborozo, como si el abollado funcionario hubiera resultado claramente victorioso, cosa que no sucedió. Pero tampoco resultó apaleado por una oposición que se cuidó especialmente de evitar que la artillería utilizada precipitara los acontecimientos. Todos sabían que el jefe de Gabinete no aclararía ninguna de las cuestiones que se mantienen oscuras respecto del ensanchamiento de su patrimonio y los fondos para financiar sus viajes; el objetivo entonces era tratar de dejarlo (más) en evidencia.
El de Adorni era no salirse del libreto establecido y obedeció a pie juntillas la estricta orden de no improvisar en ningún momento: leer todo, desde el discurso hasta las respuestas. Por cierto, otra novedad en la materia: ningún jefe de Gabinete se limita a leer lo que otros le escriben.
El Presidente hizo su show en el recinto, interactuando especialmente con la izquierda. Con Myriam Bregman en particular, acusando a la izquierda de haber matado a 150 millones de personas. A propósito de la blonda diputada -con la que compartió Cámara en el tiempo que Milei fue legislador, y con la que también participó en un debate presidencial-, sigue subiendo en las encuestas y no faltan quienes la imaginan como la outsider de 2027. A los Milei no le desagrada ese crecimiento como contrafigura para una presidencial, a sabiendas de que le sacará votos al resto de la oposición.
Tal cual se sospechaba, el gobierno en pleno dejó el recinto tras concluir esa exposición inicial, y en su retirada, el Presidente volvió a irse al pasto al insultar a los periodistas, su obsesión del presente. Una actitud que resultó amplificada dadas las circunstancias: al día siguiente se cumpliría una semana de la insólita decisión de cerrar la sala de prensa de la Casa Rosada, un umbral que ni siquiera la dictadura había traspasado. Al día siguiente se supo que la medida sería levantada este lunes, con el agregado de una nueva de conferencia de prensa de Adorni.
Luego de su presentación en Diputados, el jefe de Gabinete concedió un reportaje en un ámbito “seguro”, donde esquivó también dar precisiones sin ser incomodado. Habrá que ver de qué manera se las arregla en la conferencia de prensa de esta semana, con preguntas más incisivas, pero si logra salir sin magullones cumplirá con el plan diagramado para sortear esta crisis, al menos con la hipótesis de mínima, que es seguir a flote. La justicia debería hacer el resto y el gobierno espera que la declaración jurada que vaya a presentar finalmente termine resguardándolo legalmente, más allá de que su figura haya quedado invalidada electoralmente hablando. Este lunes -o el martes- se sabrá si le queda algún valor como vocero del gobierno.
Un gobierno que sigue inmerso en sus internas, más allá de que haya querido mostrarse unido en el Congreso, rubricada con una foto de familia en uno de los despachos de Presidencia de la Cámara baja. Una foto que habla. Allí aparece el asesor Santiago Caputo a un costado, mientras que a Karina Milei se la ve en el centro, agarrándole un brazo a su hermano. Las posiciones expresan quien va ganando la batalla sin cuartel que se libra entre ambos. Al ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques se lo ve a la derecha de Manuel Adorni, que lo necesita especialmente para salir del acoso judicial. Diego Santilli esboza sin éxito una sonrisa, lamentando no haber tenido una reunión con algún gobernador como excusa para zafar. También figura en esta foto de apoyo al jefe de Gabinete el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, una imagen que poco habla de la independencia que debe esperarse del Banco Central. Ese que Milei había prometido en campaña dinamitar.
A la izquierda del Presidente se la ve a Patricia Bullrich, apoyada con las manos en el escritorio, diferenciándose del resto. Un especialista en gestualidad consultado por este medio le asignó a esa imagen de la senadora oficialista una separación visible respecto del núcleo de la imagen, que “sugiere autonomía, no subordinación visual”. En comunicación no verbal, su postura cerrada y vertical, puede asociarse a: control, autodominio, firmeza, una lógica de “estar presente sin fundirse con el grupo”. No es una postura decorativa ni secundaria.
Visualmente Bullrich no “empuja” al centro ni busca ser absorbida por la escena. Eso la coloca, comunicacionalmente, más cerca de una autoridad propia que de un rol de acompañamiento meramente institucional. Sin leer emociones ni intenciones personales, la postura transmite: “estoy acá”; “formo parte”… “pero no me diluyo”.
Dos días antes, la jefa del bloque LLA del Senado había saludado en público a Mauricio Macri. Fue ella quien lo fue a buscar especialmente y si bien la reacción del expresidente exhibió cierta frialdad no exenta de sorpresa, le sirvió a Bullrich para diferenciarse de Milei, que directamente ignoró a su ¿ex? amigo en la visita a la Fundación Libertad.
La senadora cerró la semana difundiendo un video en redes con un compilado de imágenes suyas en diferentes circunstancias, dando pie a todo tipo de interpretaciones. La sola aparición del Obelisco llevó a pensar a algunos que Pato será finalmente candidata en la Ciudad; pero hay imágenes de Bullrich en todo el país, lo que abona en realidad la teoría de que esté pensando en el premio mayor.
Patricia Bullrich mide en muchas encuestas mejor que el Presidente, y Karina Milei no la quiere candidata en la Ciudad, ni tampoco como compañera de fórmula de su hermano. La expresidenta del Pro dejará volar la imaginación ajena, pero está atenta a que el Círculo Rojo tantea alternativas en busca de un perfil de candidato que garantice la continuidad de las reformas económicas, pero con mayor sostenibilidad política y diálogo.
Mientras busca la manera de hacer avanzar las leyes que le piden en el Senado, la exministra de Seguridad no cierra puertas y, por el contrario, busca -como se vio esta semana- mantener entornadas algunas como las del partido que lideró hasta 2023 y del que se fue mal.
(*) Publicado en Parlamentario